Pedagogía de la esperanza

Nos acercamos a la hora en que por fin comenzará la Conferencia Internacional de Educación Democrática (20 IDEC 2012), que este año cumple su vigésimo aniversario y se celebrará en Puerto Rico por primera, quizás única vez.

Cómo llegamos hasta aquí es una buena pregunta. En el año 2010, celebrábamos una década de nuestra misión de amor en Nuestra Escuela, y nos adentramos en un profundo proceso de introspección. Hicimos un recorrido desde la memoria por esos diez años, los grandes logros, las caídas. También creamos círculos de estudio, muy especialmente en torno a “La pedagogía del oprimido”, publicado en 1970 por el educador brasileño Paulo Freire. La conversación que ese libro provocó nos llevó a querer conocer modelos educativos más allá del archipiélago puertorriqueño.

Fue así como llegamos a IDEC 2010 en Israel con dos misiones muy específicas: conocer estos modelos educativos democráticos y traer la conferencia a Puerto Rico.

Fue mucho lo que comenzamos a aprender, no sólo acerca del movimiento de educación democrática sino de nosotros mismos. Aquellas ideas innovadoras que se planteaban allí, ya habían sido sugeridas, incluso impuestas por nuestro estudiantado.

También fuimos viendo cómo ha habido países que pasaron del subdesarrollo a la sustentabilidad y en varios de ellos se ha usado la educación como herramienta principal para ese tránsito. Sin embargo, para que esa herramienta hiciera sentido, el pueblo se puso de acuerdo sobre aquello a lo cual aspiraba, sobre el país que deseaba y necesitaba construir. Así, estados como Finlandia, Irlanda, el País Vasco y Canadá, entre otros, construyeron su propio proyecto de país y un modelo detallado mediante el cual lograrían ese proyecto.

Entonces nos preguntamos: ¿qué pasa con nuestra educación? ¿Qué estamos enseñando? Un currículo que está escrito hace demasiado tiempo. Pero nuestra educación no enseña a construir el país que nosotros queremos, necesitamos y podemos hacer. La nuestra es una educación sin norte, a la deriva.

Así fue como entendimos que había un propósito más importante que la conferencia misma y adoptamos la idea de que, siendo IDEC del 24 al 31 de marzo en Caguas, el día más importante será el 1 de abril.

En la 20 IDEC 2012 tendremos un salón llamado Proyecto País. Éste estará permanentemente abierto para acoger la discusión de todas esas personas y organizaciones que tienen ideas sobre Puerto Rico y que, en muchos casos, ya han comenzado a ponerlas en práctica. Nuestra Escuela no llevará una propuesta para aprobar. Nosotros reconocemos que en Puerto Rico hay esfuerzos muy valiosos; cientos, si no miles, de proyectos autogestionarios con la dificultad de que están inconexos y aún no están actuando con el suficiente nivel de colaboración.

Lo que queremos es provocar un diálogo sostenido más allá de marzo y que, producto de Proyecto País, podamos acordar una declaración sencilla que nos lleve hacia la concertación de todos estos esfuerzos por un propósito común: construir el país que queremos, necesitamos y podemos.

El otro día hablábamos con una amiga. Si Finlandia es paradigma de la educación en el mundo, nos preguntábamos, qué país lo es en América. Tras meditar unos segundos, concluimos que ese país no lo tenemos todavía, pero existen todos los elementos necesarios para que lo construyamos.

Entonces recordé la autocrítica que Freire se hizo a sí mismo 25 años después de su “Pedagogía del oprimido” y que tituló “Pedagogía de la esperanza”. “Las personas tienen que llegar al fondo de su problema por sí mismos y ver la capacidad de darle cara; no hay unas personas que lo saben todo y otras nada”, dice.

Siento que, si concertamos nuestras voces y acciones, llegaremos al fondo del problema. Entonces podremos, desde la pedagogía de la esperanza, cumplir con ese rol de país arquetípico de la educación en América.